CRÓNICAS

El Real Zaragoza vence antes de Navidad

El Real Zaragoza consiguió un triunfo agónico ante el Lugo (1-0). Juan Ignacio Martínez se estrenó en La Romareda y Chavarría decidió el partido con un gol que se marcó dos veces. En la primera, el lateral cerró un servicio de Eguaras, cuando todo el mundo lo situaba en fuera de juego. En la segunda, el árbitro dio validez a un tanto que estira la vida del club.

El equipo aragonés descubrió por fin el efecto de un nuevo entrenador. Hay algo difícil de explicar en el relevo en los banquillos. Al nuevo técnico se le piden pequeños milagros: la recuperación de un grupo caído, la reinserción de futbolistas que otros consideraron una causa perdida. Para eso se ofrece JIM y en ello está el Zaragoza. Aferrado a la búsqueda de pequeños intangibles, creyendo en el impulso a través del cambio, capaz de firmar entre la lluvia una victoria en el alambre. La encontró porque la buscó más que en otras ocasiones y porque en La Romareda solo hubo un equipo que la quiso hasta merecerla. El Lugo intentó madurar el juego, como si intuyera que el guión de los últimos partidos podía repetirse. En su plan, el Zaragoza se caía con todo el equipo pasada la hora de partido. En el encuentro, el equipo aragonés aguantó en busca de un gol que llegó en una de las pocas acciones en las que Eguaras atinó en el pase. Juan Ignacio Martínez no ha traído un cambio de intérpretes, ni modificaciones en el dibujo, pero ha permitido que los futbolistas tengan sentido de la ocasión, mejoren su autoestima y muestren voluntad para cambiar su suerte.

El Zaragoza entró bien al partido, buscó el centro desde el costado, presionó arriba y provocó los errores del rival en la salida del juego. Se notó el peso de la urgencia y faltó precisión en los últimos metros, pero no caben demasiados reproches en la actitud de un equipo más enérgico. Se presentó en el área de Cantero sin muchas ideas, sin cierre en sus intentos, pero insistió hasta ponerse por delante. De entrada, sus mejores opciones llegaron a balón parado. Eguaras buscó la cabeza de Narváez y Jair provocó una estirada de Cantero en el córner posterior. El Zaragoza jugaba en campo contrario, con orden pero sin cambio de ritmo. Lo hizo siempre a través del fútbol cerebral de Francho Serrano, en busca de un Narváez mermado y de un Toro al que, por mucho que lo intente, no hay forma de encontrar. El Lugo intuyó que su partido estaba a la carrera, a través del fútbol de transición. Aprovechó las concesiones de Eguaras y El Hacen probó desde fuera. En el área opuesta, Chavarría no supo desviar un remate de Francho.

Los minutos que precedieron al descanso fueron los mejores de los visitantes. Mientras al Zaragoza se le hacía largo el primer acto, el Lugo disfrutaba a campo abierto. Coincidió y, no fue casualidad, con la presentación de Hugo Rama en el partido. En su mejor acción, eligió la carrera de Gerard Valentín, hasta que Jair pudo apagarle la luz a pocos metros de Cristian Álvarez. El descanso llegó para dar aire al equipo aragonés, que volvía a vivir bloqueado, paralizado por miedos que conoce desde hace mucho.

La reanudación le sentó bien al Zaragoza, que acampó en el terreno del Lugo. Tuvo más intención que imaginación, pero supo probar por bajo y por alto, con mayor amplitud, con un punto de agresividad desconocido. Narváez se encontró con el larguero en un disparo muy suyo, mientras Nieto lo probaba con la diestra y Zanimacchia desperdiciaba una jugosa falta. Eguaras estaba viviendo una noche triste en cada acción, pero eligió bien en el momento más importante. Chavarría esperó el despiste y Ruíz se quedó enganchado en una línea imaginaria. El lateral catalán, cómodo en su traje de extremo, controló y cruzó el balón hasta la red (1-0). El VAR solventó la duda de todos y el árbitro dio validez a un gol que fue definitivo.

Con la ventaja en su guantera, el Zaragoza se empleó con oficio hasta el final. Su único susto llegó en el último tramo, con un cabezazo de Juanpe. En una posición inmejorable, le entregó su remate a Cristian, cuyo único milagro consistió esta vez en no moverse demasiado. JIM celebró la victoria con un abrazo paternal a cada uno de los futbolistas, consciente de que la supervivencia se mide ahora en cada partido. Fue un triunfo imprescindible, que se basó en el sufrimiento colectivo, en la lucha agónica de un club que no puede morir nunca.

El Zaragoza ganó por la mínima, sin alardes, quizá porque es la única forma en que puede vencer ahora en los partidos. Juan Ignacio Martínez ha traído experiencia, capacidad de convicción y un punto de unidad a un club lleno de dudas. También fe a un grupo que está más para creer que para poder. A la espera de una reacción deportiva e institucional en el mercado invernal, JIM ha conseguido aliviar la herida. Y ayer, en su estreno, supo detener la lluvia.   

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