CRÓNICAS

El Real Zaragoza se desangra en Castalia

El Real Zaragoza perdió ante el Castellón y puede acabar la jornada como colista. Será por méritos propios, porque ha demostrado ante los fuertes y los más corrientes que no hay peor equipo que el nuestro. El grupo de Iván Martínez volvió a traicionar las reglas más elementales de este juego en la acción definitiva. Un balón sencillo, frontal, fácil de despejar, fue el escenario de un nuevo fallo en cadena. Sirve como resumen de una tragedia que bien vale para toda la temporada. No atacó el balón Jair y no supo defenderlo Guitián. Ahí apareció César Díaz para acabar con la poca vida que le quedaba al Zaragoza en el partido. Iván Martínez ha encadenado derrotas en todos sus partidos y su destitución parece cantada. Esta vez, como en la anterior, no bastará con un cambio de entrenador.

El Real Zaragoza se jugaba el ser o no ser en Castalia. Incluso, cabía la posibilidad de que tampoco resucitara en caso de ganar. Pero era un requisito imprescindible, que se perdió otra vez en la recta final del juego. La derrota es una pequeña muerte anunciada, que llega con la regularidad de cada jornada. Perder ante el Castellón solo revela la desgracia y la fatalidad de un equipo que no está preparado ni para firmar el noveno año en Segunda. Preocupa también la poca tensión de un grupo que no parecía consciente de que se estaba jugando la vida. El bloqueo y los miedos afectaron a la agresividad de un Zaragoza que llegó a la hora de partido firmando solo dos faltas. En el día más importante, ante un rival directo, ni siquiera mostró mala baba. El grupo de Iván Martínez, aunque duela, ha empeorado al de Baraja. Su equipo no tiene suerte en todo lo que intenta ni tiene fe en nada de lo que hace.

Castellón y Zaragoza se midieron en un duelo bajo mínimos. Discutieron en Castalia por ver quién era peor de los dos, empeñados en esconder si había uno mejor que otro. Perdió, como era de esperar, el nuestro. La jugada definitiva llegó en un fallo que ya hemos visto en otras ocasiones y que, de nuevo, afectó a un grupo genéticamente preparado para la derrota. También cuando intenta no perder. Sin juego, sin fútbol, el Zaragoza se aferró a la respuesta de un puñado de jóvenes que prueban su nivel en la élite, mientras las apuestas del verano se esconden entre las sombras de cualquiera. Francho Serrano, Iván Azón o Chavarría progresan en los partidos, mientras Eguaras se disipa y no se espera nada de Fernández o de Vuckic. Al Castellón, por su parte, le bastó el plan más sencillo del mundo. El fútbol más rudimentario sirve para doblegar el miedo de este grupo.

La rueda de prensa de Iván Martínez, con la voz quebrada, retrató algunas de las desgracias que afectan al club. Un hombre de la casa, defensor del modelo de cantera, es incapaz de recopilar todos los defectos de este equipo. No porque no los sepa, sino porque son casi incontables. Fue la mayor confesión de impotencia del técnico, de un entrenador que siente al club y padece los dolores del aficionado.

El temor común es que este equipo muera en fuegos cruzados, al calor de los comunicados y escenificando las divisiones del consejo. Los dirigentes no han mostrado sentido histórico ni el don de la responsabilidad. Mientras tanto, el Zaragoza sigue perdiendo tiempo en cada duelo y vida en cada partido. La ciudad sigue en vilo por su equipo, a la espera de un milagro sin apóstol.

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