CRÓNICAS

Derrota en la esquina

Jorge Rodríguez Gascón.

El Real Zaragoza cayó ante La Ponferradina (1-2) y continúa jugando a ciegas, descuidando las normas más elementales de este juego. Perdió en la estrategia y, una vez que le remontaron la ventaja, fue incapaz de generar sensación de peligro ante un rival directo. Hay que mirar con fe a esta plantilla para encontrar cuatro equipos peores que el nuestro. Si se pretendía que el Toralín fuera el escenario de una recuperación, confirmó todo lo contrario. El Zaragoza acabó ahorcado en su propio larguero, con el doloroso agravante de que en este grupo se tambalean hasta sus santos.

El partido empezó bañado en cloroformo. Los dos equipos se empeñaron en manejar el balón en lugares muy lejanos al peligro, casi pidiendo permiso para no hacer daño. El primer remate llegó en el minuto 8, con un disparo tibio de Igbekeme. La respuesta de la Ponferradina fue progresiva, creció en el partido con el paso de los minutos y su oportunidad llegó al filo del descanso. Ríos Reina desafió a Cristian Álvarez desde la esquina y el argentino voló para evitar a mano cambiada el gol olímpico. Álvarez no intuyó que era una advertencia. En esa acción ganó la primera batalla, pero perdería la guerra un rato después.

Entre una ocasión y otra pasaron pocas cosas, los minutos se sucedieron sin noticias que contar. Se jugó un fútbol de segunda fila, presidido por el miedo al riesgo, por el temor común a caer en el error. Todas las cosas que dejaron de pasar en el primer tiempo, ocurrieron en la reanudación. A los 30 segundos, Ríos Reina traicionó el abc del fútbol con un pase horizontal. En guardia esperaba Narváez, atento y fino en el remate en su primera oportunidad. Decidió en dos segundos y en tres toques. El último fue un lanzamiento de interior, preciso, arqueado, que besó el palo antes de llegar a la red (0-1).

La Ponferradina encajó bien el gol, mostró orgullo y amor propio. Cargó el área y decidió ir con fe a por el empate. Los cambios mejoraron al local y hundieron al visitante, incapaz de convertir la ventaja en un tesoro. Mientras Iván Martínez se quiso defender, Jon Pérez Bolo creyó en la victoria. Yuri De Souza probó que es un delantero eterno: un tipo que con 38 años muestra la ilusión de un debutante, un amor infinito por el juego. Aglutinó el peligro, mientras Gaspar y Curro crecían por las alas. En ese punto, La Ponfe encontró la victoria en el córner, en dos acciones de estrategia calcadas.

El guión del partido, a menudo caprichoso, le reservaba a Ríos Reina un protagonismo esencial. El lateral se equivocó una vez y acertó dos veces poco después. Su golpeo, tenso, de empeine interior, fue definitivo desde el córner. En el primero, Sola estorbó lo suficiente como para que Cristian lo convirtiera en su mejor coartada. Tres minutos después de saltar al césped, el joven Sola apareció en el lugar prohibido, como goleador del equipo rival (1-1). Descuidado en la estrategia, conservador en el juego y en los cambios, el Zaragoza había perdido su ventaja.  

Cristian Álvarez tuvo la oportunidad de redimirse de su error. Yuri buscó el camino del gol entre las piernas de Jair. Después del traje al central, se encontró con la mano fuerte del portero argentino en su noche más triste. Fue otra pequeña victoria dentro de una gran derrota. Minutos después, en el 78 de juego, llegó el segundo de la Ponferradina. El camino lo volvió a dibujar Ríos Reina con su zurda. En esta ocasión el remate, ligero pero eficaz, fue de Dani Romera (2-1) y sirvió para acentuar una depresión que no parece tener fin. El grito estéril de Cristian Álvarez fue la imagen de la derrota, la radiografía de otro hundimiento.

Poco importan los sistemas y los entrenadores en el peor escenario que se recuerda. Ni siquiera los regresos pueden aclarar el panorama global de una plantilla que suma sensaciones y pierde marcadores. El grupo cuenta además con el silencio cómplice de una cúpula sin sentido de la oportunidad ni responsabilidad histórica. El Zaragoza camina hacia Segunda B si no hace milagros en el mercado invernal o si la suerte no lo remedia en los partidos. Pierde en escenarios sin glamour y convierte La Romareda en el jardín de sus rivales, hasta el punto de haber sumado 19 de los últimos 75 puntos en juego. Ni siquiera el aire de ilusión que provocaba la llegada de Iván Martínez ha cambiado el signo de este equipo, con 9 partidos sin victoria en sus últimos registros y dos derrotas en su estreno.

El Zaragoza prolongó su tragedia en Ponferrada, en un partido en el que todas las cosas relevantes pasaron en el segundo tiempo. El Toralín volvió a ser un escenario maldito y en esta ocasión, su derrota se escribió en la esquina.

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