CRÓNICAS

El Real Zaragoza gana un punto perdido

Jorge Rodríguez Gascón.

El Real Zaragoza empató en el último suspiro ante el Girona (2-2). Lo hizo con un punto de épica: con un arrebato final y dos cabezazos de Narváez. El colombiano demostró en el partido que es el único camino hacia el gol en este Zaragoza. Hay muchas formas de jugar y otras tantas de igualar un marcador, pero ningún empate parece tan feliz como el de esta noche.

Baraja puso de inicio a los mejores en ataque, los juntó como si el equipo no fuera suyo, una señal inequívoca de que teme perderlo antes de tiempo. El fútbol del Zaragoza pareció otro, en la idea y en la puesta en escena, aunque el resultado solo cambió tras un milagro en el descuento. El equipo aragonés comenzó a todo trapo, corrió y lo intentó en el inicio, hasta tocar el timbre en la primera oportunidad. Chavarría y Zanimacchia se encontraron, pero Bernardo evitó sobre la línea un gol ya cantado. Baraja propuso un intercambio de golpes en la primera media hora y la respuesta del Girona no se hizo esperar: Aday Benítez falló a puerta vacía, en la primera acción de Mahmadou Sylla en el partido. Autor de 4 goles en ausencia de Stuani, el senegalés le hizo un traje a medida a toda la defensa. Marcó, asistió y disfrutó de su primera gran noche en La Romareda.

El Zaragoza supo presionar la salida, pero sus defensas (incluso con Atienza fuera) sufren de lo lindo a la carrera. Lo probó Guitián en su error y lo sufrió también Cristian, que cometió un fallo en dos tiempos. Mientras tanto, en campo contrario, Bermejo disfrutaba: mejor rodeado que nunca, más integrado en el juego. El mediapunta jugó de enganche y ahí está para mejorar la jugada. Lo hizo en un disparo seco que se topó con la madera. También insistió Chavarría desde fuera, con un lanzamiento que hizo suyo el meta Juan Carlos.

Mientras el Zaragoza lo intentaba, el Girona decidió que si estaba en el partido, era para marcar. El centro medido de Aday Benítez descubrió el vuelo de Sylla entre Francés y Guitián. De cabeza, suspendido en el aire, batió a Cristian Álvarez (0-1). El gol entonó al equipo catalán en el partido: con todo a favor, fue capaz de elegir el tipo de encuentro que se iba a jugar. No esperaba la reacción final de Narváez y de un Zaragoza que convirtió su campo en el segundo acto en una cómoda autopista.

Así llegó el segundo del Girona, en el que de nuevo Sylla desbordó con suficiencia a la defensa. En el segundo palo, llegó Valery para recuperar todo el tiempo que Tejero había perdido y decidir a los pies de Cristian (0-2). Cualquiera hubiese pensado que era la sentencia definitiva de Baraja y de un Zaragoza que se desesperó muchos minutos. Empeñado en disparar desde fuera, parecía vencido ante un rival que llegó con 6 bajas sensibles en su plantilla. Y lo estaba, de nuevo herido de muerte ante un equipo que le perdonó la vida.

Solo hacía falta seguir los pasos del Toro Fernández en su ingreso al campo para pensar en la derrota. Quizá porque el uruguayo representa mejor que nadie el momento que vive el club. Tras toparse con el palo su cara era la de un futbolista maldito; a veces porque no busca la suerte y otras porque no la encuentra.

El Zaragoza había merecido más en el partido y jugó en el primer tramo con una intención desconocida. Baraja se entregó al toque de corneta, cuando lo suyo hasta ahora había sido batirse en retirada. El Girona de Francisco se aplicó con madurez, capaz de imponer su pegada y de mezclar muchos registros en una situación de dificultad. De agrupar con poso a veteranos y debutantes en el encuentro. Lo que sucedió es que dio el encuentro por vencido antes de tiempo. Y el fútbol, a través de Narváez, se empeñó en fabricar otra vez un imposible.

Se encadenaron los centros desde fuera, uno por cada lado, y los remates definitivos del colombiano. El primero, surgió de un servicio de Tejero y a punto estuvo de estropearlo el Toro, como paso intermedio a Juan Carlos (1-2). El segundo, fue más plástico que el anterior y llegó en los títulos de crédito, después de un balón medido de Chavarría (2-2). Los dos goles en el descuento sirven para aplicar tintes de gesta a un equipo que se había distinguido hasta ahora por un plan cobarde y calculador. Con todo perdido, el Zaragoza ganó un punto y una vida extra para Baraja.

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