CRÓNICAS

Última jugada

Jorge Rodríguez Gascón.

El Real Zaragoza perdió ante el Mirandés en la última jugada (1-0), en un partido cerrado, lleno de imprecisiones, presidido por un fútbol de segunda fila. Marcó el equipo burgalés en la hora de la verdad, cuando todo el Zaragoza se preparaba para un saque de banda a la desesperada. Víctor González sorprendió a todo el mundo, Iván Martín midió su centro y allí apareció en pleno vuelo Moha Ezzarfani. El marroquí batió a Cristian Álvarez y firmó la sentencia de un Zaragoza que no está para nadie. Su mejor partido fue el peor de cualquier otro, incapaz de vencer a un Mirandés venido a menos. Gabriel Fernández desperdició las mejores oportunidades y Baraja pide paciencia para ver a un equipo que desespera un día sí y otro también.

El Real Zaragoza descubrió demasiado tarde que tenía argumentos para ganar el partido. Se ha empeñado en ser un equipo tan serio que se olvida de sonreír en los partidos. En el primer acto se refugió en el balcón de su área, a la espera de que el Mirandés se desatara. El equipo de José Alberto nunca llegó a hacerlo, quizá porque mantiene la idea pero ha perdido a sus mejores intérpretes. El Zaragoza está peor todavía: no tiene individuos para ganar partidos ni un plan colectivo para imponerse en el juego. En el primer tiempo, pensó que su victoria estaba a la carrera y pudo marcar en una transición veloz de Chavarría. El lateral se vistió anoche de extremo, regateó a su marcador y puso un caramelo que Gabriel Fernández malgastó. Su lenguaje gestual es el de un delantero atormentado, cabizbajo, que vive suspendido en el error más reciente y nunca pendiente del próximo acierto. Todos pensaron que ese era un gol cantado, menos él, que no supo domar ni el bote ni el remate. Aún tuvo una última oportunidad, al filo del descanso, para librarse de su propia ansiedad. Javi Ros ensayó una jugada de estrategia, su centro pasó por la cabeza de Narváez y Gabriel Fernandez volvió a fallar con todo a favor.  

Ese fue el historial de un Zaragoza que en el segundo tiempo quiso cambiar su imagen. Mejoró en el juego, propuso más, pero se atascó otra vez en los metros finales. Las amenazas se acabaron con la lesión de Narváez, que había estrellado un balón en el palo de Lizoain y había marcado un gol en fuera de juego. Baraja tampoco acertó con los cambios y el partido se decidiría en un detalle final. El técnico ya preparaba un discurso que valoraba no encajar goles en campo visitante, cuando llegó la picardía de un equipo joven, que supo acabar el partido en el área de Cristian Álvarez. El final ya está escrito y llegó otra vez en el último momento, en el tiempo en el que surgen las peores desgracias.  

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