CRÓNICAS

El Real Zaragoza vence con muy poco

Jorge Rodríguez Gascón

El Real Zaragoza venció al Albacete (1-0) en su tercera jornada de la Liga Smart Bank. Juanjo Narváez resolvió en los minutos finales un partido que iba ya camino del empate. El colombiano ejecutó desde el suelo el primero de sus tantos como zaragocista, en un equipo abonado al sufrimiento, a la vida o la muerte en el último suspiro. El conjunto de Rubén Baraja sigue lejos de los fuegos artificiales, cree en los matices más que en el juego, en el sacrificio más que en la improvisación. De momento, con alineaciones indebidas de por medio, ha cerrado un buen balance en sus tres primeras fechas.

El fútbol ya no es una prioridad, pero contar victorias en La Romareda es un requisito innegociable para el éxito. El primer triunfo sobre el césped llegó ante el Albacete de Alcaraz, un equipo al que le cuesta casi tanto como al nuestro mirar a la portería contraria. Rubén Baraja, tras el triunfo, señaló lo que son dos obviedades: que el ritmo de mejora es más sencillo desde la victoria y que una acción final resolvió un partido en el que la justicia estaba aliada con el empate.

El Real Zaragoza empezó el partido a todo trapo, como si quisiera olvidar pronto el tostón de Santo Domingo. La aceleración del inicio no duró para siempre y, en muchos momentos, le privó de la claridad necesaria en los últimos metros. Encontró eso sí, una vía de escape por fuera, en la banda de Pep Chavarría. El lateral catalán ha probado en tres partidos que el carril debe ser suyo; especialmente liberado en ataque, feliz en la línea de fondo. Dejó buenas sensaciones también Tejero, un recién llegado al que nunca se le vio el traje de debutante.     

Presionó el Albacete y al Zaragoza le faltó precisión para culminar su dominio en la portería de Tomeu Nadal. Creyó en la intención de Narváez, en el regate de Zanimacchia y en el despliegue de Javi Ros. No encontró casi nunca al Toro Fernández y se atascó en el carril central: donde Atienza, Guitián y Eguaras no pasan casi nunca de la cámara lenta. El Albacete tampoco mostró mayores argumentos que la intención de Álvaro Jiménez, que protagonizó un bonito duelo con Chavarría, y su sociedad con Manu Fuster.

En un primer tiempo sin apenas ocasiones, lo intentó de lejos Zanimacchia y Javi Ros se encontró con una de las mejores manos de la categoría: las de Tomeu Nadal. El resto de las aproximaciones no tuvieron cierre, con varios centros de Chavarría que se perdían cerca del remate. Y si las opciones del Zaragoza llegaban por fuera, la respuesta del Albacete apareció por el mismo sitio. Zozulya no acertó en su cabezazo y el susto más nítido llegó poco después, en un centro que no embocó por un dedo Liberto.

El segundo tiempo tampoco mejoró demasiado en el juego y bajó en el ritmo, en la intensidad de los duelos. Los dos técnicos buscaron una acción aislada a favor, empeñados en no destaparse, en aplicarse en el repliegue. Lucían más recuperadores como Jean Jules o Javi Ros que los trequartistas Zanimacchia o Manu Fuster. El partido iba camino del empate a nada y Baraja movió ficha. Los cambios mejoraron entonces a un Zaragoza que se trababa en las cercanías del área, solo capaz de amenazar con un disparo de Tejero. Salió Bermejo y se le vio un ritmo distinto, capacidad para interpretar el juego a través de su zurda. Incluso Papunashvili se presentó en la temporada, muy lejos de su plenitud. Nieto ocupó el lateral y le dio el extremo a un Chavarría que apareció en el momento definitivo, por dentro, lejos de su hábitat natural. Los dos se encontraron en el minuto 88, en una jugada que vale tres puntos.

Chavarría escogió la carrera del lateral zaragozano y Nieto midió su centro en busca del remate de Narváez. El colombiano, pie a tierra, se estiró lo suficiente para batir a Tomeu Nadal, que parece siempre un obstáculo insalvable ante el Zaragoza. El gol de Narváez liberará al futbolista de esa batalla interna que viven todos los delanteros en la búsqueda del tanto. Quizá una vez estrenado, se le vean con continuidad esas virtudes que de momento solo se intuyen. Su capacidad para ganar duelos, para vencer en carrera y para mezclar bien con su pareja de baile.

El triunfo alegró a un Zaragoza en formación, un equipo que aspira a ser un bloque de cemento; un grupo en busca de solidez y de un gen competitivo distinto. De momento, cuenta dos porterías a cero y dos victorias que sirven para crecer. Llegaron a través de dos golpes de suerte, uno en los despachos y otro en el último tramo de juego, pero sirven para que Baraja inicie su trayecto en Zaragoza con triunfos en el casillero.

El equipo aragonés aún no ha decidido a qué juega ni sabe a qué puede ser candidato, pero mientras tanto se empeña en competir y vencer a través de los pequeños detalles. En una tarde de viento, consiguió la victoria en un momento hasta ahora maldito: al filo del descuento.

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