CRÓNICAS

Miedo a ganar

miedo a ganar

El Zaragoza empató ante el Elche en la ida de las semifinales de playoff (0-0). El equipo de Víctor Fernández no supo sacarle partido a una ventaja numérica que en condiciones normales hubiera sido definitiva. Jonathas le hizo un favor al Real Zaragoza al filo de la media hora y al equipo aragonés le faltó frescura para romper la barrera que trazó Pacheta. En el tramo final, ni siquiera supo bombardear el área de un Elche que sobrevivió al partido sin llegar a arrodillarse.

Recuperó el Zaragoza algunas de sus señas de identidad en la temporada. El Yamiq y Guitián mezclaron bien y Vigaray se atrevió a progresar por el costado derecho; el bloque pareció más solvente y supo dominar en el juego, pero no culminó ante la sombra de Edgar Badía. Una vez más le faltó cambio de ritmo en los últimos metros, voluntad de riesgo y acierto en las oportunidades que tuvo. La más clara llegó en botas de Burgui, tras un servicio definitivo de Kagawa. Los dos futbolistas se encontraron en las mejores situaciones de un Zaragoza sin pólvora, que echa en falta a Suárez y a Puado en el fin de las jugadas. Burgui fue la mejor de las noticias en el Martínez Valero: confió en su regate, mostró personalidad y fue el punto de partida de las acciones más peligrosas. En La Romareda se espera de nuevo la versión más lúcida de un extremo que jugó por fin como un extremo, vencedor siempre ante Tekio. A menudo demasiado pendiente de un recorte que el defensor siempre espera, en la cita del playoff se desató a la carrera y encontró el camino más rápido hacia la puerta de Badía. Su disparo de interior, quizá demasiado blando para ser definitivo, se encontró con la mejor intervención del portero catalán.

Zaragoza y Elche se midieron en el tramo inicial, discutiendo quién debía llevar el peso del juego. El intercambio lo había empezado a ganar el Zaragoza pero la diferencia llegó en uno de esos duelos que pueden marcar las eliminatorias. Jonathas y Jawad El Yamiq quedaron enganchados en una disputa. El Yamiq le agarró para evitar su partida y Jonathas se desesperó a las primeras de cambio. Al levantarse dejó una coz tan llamativa y peligrosa que ni siquiera el VAR la pudo pasar por alto. El árbitro le expulsó e inmediatamente llegaron los mejores minutos del Zaragoza en el partido. Hasta ese momento, el equipo de Víctor Fernández aún no había decidido si podía atreverse a ganar. En todo lo que llegó después, le faltaron armas para hacerlo.

Kagawa, Eguaras y Guti probaron fortuna desde la larga distancia y el Zaragoza insistió por fuera, sin demasiado tino en los centros. Quizá los servicios desde el costado merecen capítulo aparte. Vigaray y Nieto centran para muchos y para nadie al mismo tiempo. El balón busca voluntarios pero nunca lleva impresa la firma del rematador.

vigaray lucha pero no centra

Tras la reanudación tampoco pudo culminar el Zaragoza su asedio, especialmente en un servicio de Kagawa al que Linares llegó un segundo tarde. Ni siquiera cuidó los detalles en las jugadas de estrategia, un arma que conviene no despreciar en partidos cerrados y ejercicios de resistencia como el que planteó el Elche en su estadio. En un terreno de juego que, por cierto, no estuvo a la altura de la cita.

El paso de los minutos no le sentó bien al Zaragoza, quizá obsesionado con llevar el balón de un lado a otro sin hacer correr lo suficiente al rival. Sin soluciones en ataque, desquiciado ante una situación favorable y con el retrovisor puesto en la zurda de Iván Sánchez, el oficio de Nino o la entrada de Fidel. El equipo de Pacheta inquietó a balón parado y encontró refresco en su banquillo. Víctor Fernández miró al suyo para sacar a una incógnita perpetua como Pereira o a un Soro cuya una única huella en el partido fue un buen córner. En la acción del ejeano, Ramón Folch despejó el balón hacia su propio larguero.  El peligro llegó después a través de la imaginación de Kagawa y del slalom de Burgui, pero ninguno de los dos llegó a cerrar con finura todas las acciones que iniciaron. No colaboró tampoco el colegiado, que no consideró un posible penalti sobre el japonés.

El partido se cerró como había empezado, con un punto de frustración para los aragoneses y el alivio de los ilicitanos. La eliminatoria queda abierta para el próximo domingo, donde el Zaragoza buscará el pase a la final. Una vez más conviene no reparar demasiado en las quejas que rodean este playoff, en el fútbol cansino que ofrece este agosto ni en las oportunidades que se han perdido en el camino.

En el Martínez Valero, el equipo volvió a desaprovechar los favores del rival, como si viviera un bloqueo interminable. Como si no supiera responder con todo a favor. En La Romareda, con la eliminatoria en tablas, valdrá más la ilusión por ganar que el miedo a ser vencido.

 

 

 

Fotos: Joaquín de Haro Rodríguez / LOF.

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